lunes, 14 de septiembre de 2009

Oliver Stone y la caída del imperio

¿Cuántos millones de dólares le pagó El Mandril Bipolar a este rolo e cabrón por el documental de mierda que presentó en Venecia? !!Coño!! Este hijo de puta Oliver Stone no jala bolas: se guinda de los pelos hasta que las manos le echan sangre. Gringo progresista y comierda. Todos los gringos demócratas con unos comemierda comunistoides. Solo los republicanos son gente decente.

Yetro






No hay un imperio más magnánimo que Estados Unidos. Veamos, manda por el mundo a sus explotadores, pero al mismo tiempo nos envía a quienes han de redimirnos. Si no molestara tanto esta idea del monopolio que ejercen, explotadores y redentores, el imperio podría ser sometido a juicio, pero lo salvan los rebeldes como Oliver Stone.

Este acaba de presentar en Venecia el documental South of the Border, con el Presidente de la Pequeña Venecia como estrella. ¡Mai la piccola Venezia è stata piú piccola e meno Venezia! El documental es la negación del imperio, o, sea, que según Oliver Stone, Estados Unidos está siendo derrotado en América Latina porque el presidente Chávez Frías conduce la rebelión de los pueblos del Sur, y unos presidentes bailan al son que él les toca. Stone exhibe la banalidad de los rebeldes sin causa. En Venecia fue el gran anfitrión del Presidente. Ambos desfilaron sobre la alfombra roja, eufóricos, repartiendo guiños y autógrafos, fue un suceso. Quizás el documental no tenga la jerarquía digna del Festival porque simplemente recoge conversaciones y gestos complacientes, con Stone como protagonista alborozado. Un episodio de mutuo bombo, una cofradía de adoradores de sí mismos que celebran sus frases más o menos ordinarias como verdades reveladas. Oliver Stone nunca había recorrido una alfombra roja con mayor orgullo, Chávez tampoco.

No fue, sin embargo, la presentación de South of the Border el momento culminante de la hazaña de Stone, no.

El dialogo con periodistas españoles lo retrató de cuerpo entero. Allí apareció como censor de periódicos, olvidando que su gloria y su fama no se la han proporcionado sus trabajos clandestinos ni sus conspiraciones secretas para derribar al imperio, sino la libertad que el imperio y su sistema le han garantizado toda la vida.

Desnudó a Richard Nixon, a George W. Bush. Retrató a Fidel y ensalzó a Arafat. Más le importa la temeridad de los sujetos que el arte de su arte.

Es más auténtico Michael Moore. ¿Qué sería de Oliver Stone en un país donde lo censuren, lo persigan y lo arruinen? Oh, ese Stone no existe ni existirá.

Él es una hechura del imperio, para eso, para resaltar las virtudes del imperio: la libertad absoluta, la atracción de ser rebelde en el país donde la rebeldía es elegante y rendidora.

O, sea, taquillera, palabra vulgar pero necesaria.

¿Qué tal si en Estados Unidos alguien le dice a Stone que no ataque a los presidentes, o si Stone le pide al Washington Post o al New York Times que no critiquen al Presidente? En su conversación con los periodistas españoles dijo que uno de los siete pecados capitales de El País era criticar al Presidente de Venezuela, su invitado, su benefactor, su actor.

Pero añadió algo más, y como gran director del circo les indicó: "Vuestro Rey debería callarse".

Oliver Stone quiere la censura de los medios y la censura del Rey Juan Carlos, ¡que el Rey se calle!. La rebeldía de Stone se da la mano con los personajes de South of the Border, pues con la excepción del presidente Lula, los otros, Evo Morales, Rafael Correa, Hugo Chávez y la señora Kirchner, todos quieren que el mundo calle y se rinda. Doña Cristina tiene a la Argentina de cabeza con una ley de censura que los generales y los gorilas del Cono Sur, desde el austral Augusto Pinochet Ugarte para abajo, habrían visto con buenos ojos. ¿Recuerdan cuando Dick Cheney le pedía al Washington Post que no publicara las fotos tortuosas de Abu Ghraib? La derecha radical y la izquierda radical hablan el mismo lenguaje. Censura.

Conviene citar a Stone: "Los de El País necesitáis redimir vuestra alma. ¿Tiempo? No, no hay tiempo, tiene que ser ahora mismo". "Aún estáis a tiempo de cambiar, creedme, ya sé que eres periodista, pero no tienes que creerte lo que dice la prensa". No, ciertamente no, tenemos que creer lo que dicen los protagonistas de South of the Border. Stone es el profeta de la revolución latinoamericana que ha puesto al imperio de rodillas. ¿Las críticas a los presidentes? "Todo es cuestión de intereses", diagnosticó desde la alfombra roja. "No te creas lo que leas en la prensa, ni en la europea ni en la estadounidense".

Después que Stone le pidió a Juan Carlos que callara, Chávez daría otros paseos para, finalmente, hacer una escala en Madrid donde iría "a tomarse un café con Zapatero y con el Rey". ¿Qué no es posible en el paraíso de los socialistas españoles? Quizás sea preciso advertir del error que cometen los de South of the Border al acabar tan precipitadamente con el imperio.

¿Quién nos comprará el petróleo, quién pagará tan bellos documentales? Reconozcamos, Oliver Stone estuvo radiante. El Presidente estuvo radiante. Había recorrido miles de kilómetros a bordo de un Falcon para admirarse en el documental. Viajó desde Turkmenistán hasta la ciudad de Marco Polo. En suma, una proeza fastuosa, posible sólo en el mundo capitalista.




Simón Alberto Consalvi
El Nacional / ND