domingo, 27 de abril de 2008

El monje escarlata


"El Presidente actúa sobre la máxima: lo mío, mío; y lo tuyo, de los dos"

El monje escarlata

Chávez lanza furiosas diatribas contra los ricos; contra los que quieren ganar dinero y quieren consumir más. No pareciera él; no pareciera el personaje que vive con lujos asombrosos; no pareciera el mismo magnate que dispone de la hacienda pública como de su monedero particular. El individuo se transmuta en un cartujo que ha hecho votos de pobreza, que anda con las viejas sandalias de pescador que adquirió en Sabaneta, y que mastica, en sus tardes solitarias, el mendrugo que le aplaca el apetito antes de que la gula pueda visitarlo. El hombre del aeroplano de 80 millones de dólares, del reloj de oro que no da la hora sino que la susurra, y del traje extraído de una exótica revista de modas, casi clama contra quienes comen con cubiertos y usan servilletas.

El Plano Ético. Uno de los factores que han generado más erosión de la figura de Chávez ante sus propios partidarios es el contraste entre su prédica y su estilo personal. Como ocurre en toda autocracia en la cual las leyes son sólo pretextos, el Presidente se comporta en pleno siglo XXI como la parranda de caudillos del siglo XIX, sobre la base de la máxima: "lo mío, mío; y lo tuyo, de los dos". Regala y quita dinero; si le tiene ojeriza a alguien, lo arruina; si es un sujeto que merece sus simpatías, lo vuelve archirrecontrasupermillonario, en un santiamén; si ve unas tierras atractivas, se las coge; si observa que unos protestan, los azuza contra otros; la diferencia con el general Gómez es de talento, sin que aquí se diga todavía cuál de los dos es el que más ha carecido de éste.

Esta suerte de jeque petrolero que vive como le da la gana, que gasta miles de miles de millones personalmente, es el que pretende dar lecciones de ascetismo comunista a sus compatriotas. Un traje de Chávez es el salario de varios trabajadores por varios meses.

Desde esta situación, el Presidente se ve impedido de hacer convincentes llamados a la austeridad. Tiene un burladero, pero poco eficiente. Suele decir que sus camionetas blindadas, los recursos que lo rodean y el personal que le sirve, está relacionado con su seguridad, porque hay unos chicos malos que quieren deshacerse de él. Sin embargo, esa es la situación de todos los jefes de Estado y ninguno tiene la pompa que rodea al bolivariano.

Hasta su lenguaje es afectado: él no va al palacio de Miraflores, él va a Palacio; ha renunciado al venezolanísimo ajá y lo ha sustituido por el ehh; no dice "es necesario que... ", sino "necesario es que... " Para no hablar del momento en el que están todas las cámaras enfocadas en su rostro y, entonces, como si estuviera solo en el Monte Sacro, se coloca el puño cerrado en la barbilla, pone cara de atento y reconcentrado, como conectado con la Historia, o deja que la mirada se le vaya hacia la azotea, dando la impresión de un arrebato místico antes de sacar la cruz (que precede al martillo que aplasta).

Fidel Castro, con miles de más títulos para proclamarse asediado por sus enemigos, tiene mayor discreción y no porque tenga menos derechos para roer del fisco cubano.

Es posible que el contraste de Chávez con los ciudadanos corrientes no sea tan vigoroso para sus opositores -que lo es- como para sus partidarios; porque éstos, presumiblemente, deberían compartir la idea del voto de pobreza bolivariano y ven que el pastor que los reconviene sobre la necesidad de la templanza, es un libertino de postín.

El Plano Económico y Social.El Gobierno recibe cascadas de petróleo y las gasta con el propósito de lograr apoyo nacional e internacional para lo que denomina la revolución. Ese gasto enriquece a algunos pocos en forma rumbosa, pero el enriquecimiento de éstos no es posible sin que drenen parte de esos recursos a los sectores medios y trabajadores; el resultado es que todos tienen más para comprar. La idea de que un camarada puede volverse rico y no gaste en servicios (que son suplidos por la clase media) y en salarios (que van los trabajadores), es absurda.

No quiere decir que los sectores pobres dejen de ser pobres, sino que consumen más; por lo tanto, el efecto directo de aquello que hace posible que Chávez sea un jeque manirroto, es que todos, a su nivel, gasten más dinero.

Es factible que haya algunos, digamos los comunistas del Gobierno, que cuando reciben más ingresos los regalen a la Junta Conservadora de los Restos de Lenin, ubicada en un tenderete próximo al Kremlin; o que lo inviertan en la compra masiva de manuales del tipo "Los Fundamentos del Comunismo Científico" del camarada Afanasiév, para regalárselos a los pioneros rojos que se ubican en la Granja La Chavera de las afueritas de Bejuma. Sin embargo, lo que ocurre en verdad es otra cosa; lo más normal es que los ciudadanos de carne y hueso se dediquen a comprar más carne y menos hueso, les guste adquirir DVDs, televisores, computadoras, aunque sea un ranchito en la playa, sus viajes a Margarita y, si es posible, a Miami. Además, qué cosa más citadina que irse un viernes a un restaurante, como a la una y media de la tarde, y con cuatro camaradas ordenar un frasco "del que tú sabes", y ver al camarero que a estas alturas también es camarada, con aquella primorosa bombona de vidrio de 18 años, mientras el quesito, la nata y las arepitas preludian otros placeres. Y, al cabo del rato, todos los contertulios hablando por sus respectivos celulares, proceden a convocar a las "nenas" con las cuales compartirán la segunda fase del entrenamiento miliciano, que consiste en la tercera botella, junto a una "punta término-medio" con ensalada picadita. ¿Habrase visto cosa más buena que criticar a Chávez cerca de un fogón con varios lamparazos entre pecho y espalda, que clarifican el sentido crítico de los soliviantados bolivarianos?

No es un defecto de fábrica de la manufactura revolucionaria criolla. Véase lo que pasa en Cuba. Apenas los comunistas consideran que para los cubanos alojarse en los hoteles de su país no es un acto de contubernio con Bush, éstos saltan en masa a meterse en esos edredones y a permanecer allí como si se tratara de nubes cariñosas; no pasaron tres minutos después de la autorización de comprar celulares sin que los cubanos comenzaran a utilizar el contrarrevolucionario adminículo para comunicarse hasta con el que estaba sentado al lado en la guagua; ni qué decir de la felicidad burguesa que es tener una computadora y mover ese "ratón" como si fuera el gatillo de un fusil, presto para defender la patria del imperialismo y sus lacayos, nacionales, internacionales y saturninos.

El Resultado. Lo que no alcanzan a entender Chávez y los sacerdotes de su secta es que no se puede "ser" sin "tener". Y que los seres humanos quieren "tener" para ayudarse a "ser". Que la propiedad privada no es una desviación sino una larga lucha de la humanidad y que el equilibrio social nunca es un acto de venganza sino de justicia. La venganza es contra el que tiene; la justicia viene desde el que no tiene.

Carlos Blanco

El Universal

http://opinion.eluniversal.com/2008/04/27/opi_34919_art_tiempo-de-palabra_834767.shtml

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