lunes, 8 de diciembre de 2008

NO a la enmierda inconstitucional



Michael Penfold: La matemática de la reelección

Independientemente de los argumentos jurídicos o políticos para apoyar o rechazar la idea de una enmienda constitucional, el país se sumerge en una división cada vez más profunda.

Asimismo, se hunde en una crisis de gobernabilidad que descubriremos como insuperable, en medio de una crisis fiscal producto de la caída de los precios petroleros. No importa quién gane la consulta, habrá la mitad de una población escéptica y dispuesta a declarar ilegítimo cualquier resultado electoral.

¿Puede Hugo Chávez ganar la enmienda?


Sí, pero no está garantizado. Si comparamos el referéndum de diciembre de 2007 con los recientes comicios regionales, su apoyo creció de 49% a más de 54%. Además, cuenta con 81% de las alcaldías y con la consolidación de una estructura partidista que no tenía hace un año. Su liderazgo es más creíble dentro del Psuv actualmente, dada la derrota del chavismo disidente en estados como Portuguesa, Barinas, Guárico y Trujillo, y la recuperación de Aragua y Sucre, que estaban en manos de antiguos aliados.

Cuenta con una estructura más disciplinada para movilizarla durante la consulta.

Pero estas fortalezas bien pueden ser un espejismo. El crecimiento del voto de Chávez lo explican los triunfos espectaculares de Henri Falcón (Lara) y José Gregorio Briceño (Monagas), quienes obtuvieron, respectivamente, 24% y 7% más votos que los de Chávez en el referéndum constitucional. El presidente depende de estos liderazgos regionales que no necesariamente controla directamente.

En los municipios urbanos, el voto de la oposición es de 51% y del chavismo 49%; en los municipios rurales, en donde reside la mayor fortaleza del Psuv, el chavismo supera a la oposición con más de 60% de los votos. Las zonas más pobladas (Zulia, Carabobo, Miranda y Caracas), precisamente en donde triunfó la oposición, se presentan como verdaderos retos para el chavismo frente a la inconformidad en la gestión pública.

En una encuesta de Ecoanalítica en las cinco principales ciudades a finales de septiembre, 66% de los 1.200 consultados respondió que no estaría de acuerdo con la enmienda constitucional, mientras que el 31% la apoyaría. Entre los que se declararon chavistas, el 18% declaró que no le gusta la idea mientras que 82% aceptó la proposición.

Tomemos estos números como ciertos por un instante y hagamos un ejercicio, con base en la votación de las elecciones regionales. El chavismo consiguió 5.541.942 votos, la oposición 4.342.109 y los disidentes 370.000. Si asumimos que 18% de los chavistas rechazaría la reelección, entonces el oficialismo ganaría la enmienda con 4.544.392 votos, aún perdiendo parte de sus simpatizantes. Pero es evidente que si los votos disidentes se mueven para rechazar la enmienda, entonces sería derrotado por tan sólo 167.717 votos.

Curiosamente, el futuro de Chávez está en manos de esa misma corriente disidente que el Psuv pensó haber destruido en las elecciones regionales.

No será un Manuel Rosales, Leopoldo López o Julio Borges quienes lo derroten políticamente, sino un Eduardo Manuitt o un Julio César Reyes en Guárico y Barinas, y quién sabe si su propia base chavista en Lara y Monagas. Si la oposición logra consolidar esta gran alianza en términos favorables, entonces puede haber una sorpresa.


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