jueves, 4 de diciembre de 2008

Sin el "mesmo" macaquito colorao bipolar, la "robolución" muere de inanición


La pretensión reeleccionista del presidente Hugo Chávez tiene pésimo olor y nos anticipa muy mal sabor. Pésimo olor porque las motivaciones que la inspiran tienen muy poco de revolucionarias y socialistas, pero sí mucho de personalistas, autoritarias y militaristas. El narcisismo se olfatea por todos lados.

El mal sabor se anticipa porque, como es fácil pronosticar, la convocatoria del referendo seguramente se hará pasando por encima de la voluntad popular expresada el 2 de diciembre de 2007, cuando el país se pronunció contra la reelección presidencial, y también sobre el artículo 345 de la Carta Magna, el cual dispone que una reforma que no sea aprobada no podrá ser presentada de nuevo en un mismo periodo constitucional.

Nuestro Jefe de Estado no es muy ortodoxo que se diga en eso de respetar la opinión del país cuando ésta le es adversa, ni en eso de ceñirse con rigor a los mandatos constitucionales.

De allí que nos anuncie que la reelección sí va, esta vez bajo el inocente ropaje de una enmienda constitucional. Lo más triste es que los demás poderes de la República con seguridad terminarán por someterse al capricho presidencial.

Ya imagino, por ejemplo, al Tribunal Supremo de Justicia santificando la impecable legalidad de la enmienda, lo mismo que al Consejo Nacional Electoral procediendo rapidito y disciplinadamente a la organización del referendo.

El Presidente anunció el 1º de diciembre su propósito de arrancar de inmediato la campaña electoral con miras al referendo, cuya celebración pretende en el mes de febrero. Más claro no canta un gallo: el hombre quiere robarnos el merecido sosiego navideño para imponernos desde ya su personalísimo carnaval, cargado de sopotocientas cadenas de radio y televisión, de ventajismo desbordado y de continuada desviación de los recursos públicos.

Me llama la atención, por cierto, que el Primer Mandatario anuncie la recolección de firmas desde el 2 de diciembre y para febrero el referendo aprobatorio. Si en el CNE hubiese coherencia y respeto por sus propias normas y por el electorado, debería impedir que el gobierno y el PSUV recabasen las firmas a la machimberra.

Lo lógico sería que el poder electoral sometiera al oficialismo a las mismas exigencias que impuso a la oposición cuando ésta se propuso convocar el referendo revocatorio. Es el CNE el llamado a producir las planillas para recabar las firmas, a autorizar los centros para la recolección en todo el país, a supervisar el proceso de recolección, a contar una por una y revisar la autenticidad de cada firma y, finalmente, a someter la enmienda a referendo treinta días después de certificar que las rúbricas auténticas totalizan el quince por ciento de los ciudadanos inscritos en el Registro Electoral.

Lo que es igual no es trampa. Así que si el CNE cumple todos estos pasos que él mismo aplicó a la oposición, ni de vaina podría tener lugar en febrero el urgentísimo referendo que nos anuncia el Presidente.

Adicionalmente, la autoridad electoral debería detener la orgía ventajista puesta en escena por el gobierno y garantizar igualdad de oportunidades para las campañas de quienes apoyan y de quienes rechazan la reelección presidencial.

Pero se me pone que nuevamente habrá un exacerbado desequilibrio, agravado con la ilegal amenaza de cierre contra Globovisión, seguramente previsto como parte del plan reeleccionista.

No hay nada que antagonice más con lo colectivo que el culto a la personalidad. ¿De qué revolución se está hablando entonces si ésta no puede subsistir sino con Chávez en la Presidencia?

Hallacas con sabor a enmienda
Mario Villegas
El Mundo