domingo, 10 de mayo de 2009

El poder y el delirio


Hace algunos días escuché una interesante entrevista que le hizo César Miguel Rondón a Enrique Krauze, el gran escritor mexicano, sobre el proceso político venezolano. La razón de la entrevista fue recordar algunas de las ideas principales expresadas en su extraordinario libro publicado, hace algunos meses, con el nombre que lleva mi artículo por la editorial Alfa. En verdad, leer este libro debería ser una tarea obligante para todos los sectores sociales y políticos que le hacen oposición al régimen de Hugo Chávez en la América Latina. Al inicio del libro hay dos ideas que deben ser tomadas muy en cuenta para establecer una estrategia suficientemente eficiente para poderlo derrotar: "La revolución bolivariana es un poderoso proyecto que avanza en varios países de América Latina. El socialismo del siglo XXI representado por Hugo Chávez compite con el socialismo democrático de Chile o Brasil. Debido a Chávez, muchos jóvenes universitarios desde el cono sur hasta México han vuelto a creer en el gran mito histórico del siglo XX: la revolución. Pero a pesar de Chávez -que sólo la respeta formalmente y trabaja para desmembrarla- la democracia sigue siendo la única legitimidad admisible en el continente".

La revolución bolivariana avanza sigilosamente en toda la América Latina. La única manera de oponerse con éxito a ese agresivo movimiento es mediante una política de contención respaldada por los distintos gobiernos y movimientos políticos de inspiración democrática en todo el continente. Hugo Chávez ya no es un problema exclusivamente venezolano. Su acción compromete la estabilidad de todos los gobiernos de la región. Utiliza para alcanzar sus objetivos ideológicos los métodos y las ventajas que le ofrece el juego democrático. He allí su gran acierto. La acción guerrillera, dirigida por Fidel Castro, fracasó estruendosamente en la década de los sesenta. Al contrario, Hugo Chávez ha logrado un éxito indiscutible: imponer gobiernos, cercanos a su ideología, en Bolivia, Ecuador, Nicaragua, Paraguay y El Salvador. Esta realidad hay que aceptarla con toda su crudeza. Enfrentar esa estrategia exige crear un gran frente en la América Latina que respalde a los candidatos de tendencia democrática. Nuevas derrotas electorales tendrían un inmenso impacto en nuestro destino. Esta alianza debe formarse con partidos socialcristianos, socialdemócratas, liberales, y conservadores. Sus diferencias ideológicas deben superarse con inteligencia ante la amenaza que significa el acceso al poder de regímenes totalitarios inspirados en la ideología bolivariana…
La creciente influencia que empieza a tener Hugo Chávez en amplios sectores juveniles del continente es otro de los grandes peligros a enfrentar. Observar el proceso venezolano podría abrirle los ojos a más de un inocente que todavía no ha valorado el riesgo existente. El mito revolucionario conduce, con facilidad, a crear ilusiones y esperanzas. La semana pasada, Hugo Chávez organizó un acto en el teatro Teresa Carreño con militantes de la misión Francisco de Miranda. Durante su desarrollo me impresionaron la capacidad y formación ideológica de los jóvenes dirigentes chavistas y la militarización de los asistentes. Me pareció estar viendo las camisas pardas de Adolfo Hitler. Hugo Chávez habló de más de 25.000 militantes organizados en dicha misión. Un verdadero instrumento de acción y represión política. Por suerte, en Venezuela ha surgido un liderazgo estudiantil universitario que ha reivindicado el sentido altruista de la política. Es necesario, que esos jóvenes luchadores siembren en los sectores populares la esperanza que debe producir la democracia, la igualdad y la justicia social.

Hugo Chávez está a un paso de un inmenso fracaso. La caída de los precios del petróleo ha empezado a mostrar la verdadera realidad de nuestra economía. La pobreza golpea inclementemente a la clase media y a los sectores populares. Estoy seguro de que el régimen chavista tratará de justificar el fracaso de su proyecto socialista, responsabilizando a los sectores productivos de la escasez y de la inflación. Por suerte, no tiene como Fidel Castro la justificación del bloqueo norteamericano. También buscará, como lo está haciendo, destruir al liderazgo opositor y limitar al máximo la expresión libertaria de los medios de comunicación. La oposición política venezolana ha establecido como su objetivo derrotar al chavismo en las elecciones parlamentarias del año próximo. Ése es un objetivo totalmente posible. Se requiere impedir que los amplios sectores sociales que respaldan la democracia se desmoralicen ante la ofensiva del régimen. El único camino para lograrlo es constituir una firme alianza entre los partidos opositores. Es el momento preciso para la movilización y la ofensiva de los sectores democráticos. Las posibilidades de éxito son una realidad.


Fernando Ochoa Antich
El Universal