martes, 26 de mayo de 2009

La propiedad estatal de los medios de producción lleva consigo el establecimiento de una tiranía


Marx creyó firmemente en que la vía al socialismo y al comunismo debía estar precedida por un proceso dictatorial, como requisito para abolir las clases sociales. La práctica del socialismo se inspiró en la obra de Marx pero fue con Lenin con quien se materializó lo que se llamó el socialismo real.

El socialismo triunfó primeramente en Rusia en 1917 y posteriormente se expandió hacia las naciones que fueron invadidas por el ejército ruso. Ese modelo, ya fracasado, tuvo dos características esenciales. Primera, el sometimiento completo de la persona y la sociedad al Estado y la segunda una economía centralmente planificada por el Estado. Ello se correspondía con la etapa de dictadura del proletariado que había previsto el propio Marx.

El sistema socialista en la práctica se fundó sobre la base de un esquema político tiránico donde todas las esferas de la vida estaban controladas por una burocracia estatal, que determinaba todos los ámbitos de la vida humana, desde la cultura hasta la participación política de los ciudadanos en los asuntos nacionales.

Esa burocracia en el poder decidía acerca del teatro que se permitía, la educación que se impartía, lo que se leía, lo que se veía en televisión, lo que se escuchaba en la radio, sobre quién podía salir y permanecer en el país e incluso sobre las relaciones personales. Hasta en los asuntos más privados del ser humano, tales como sus creencias o no en un ente trascendente, influían las directrices del Partido Comunista o Socialista en el poder, al establecer al marxismo-leninismo como una religión oficial.

El Poder Judicial era una prolongación de la estructura del Partido al igual que el Poder Legislativo y los sindicatos. Los trabajadores no gozaban del derecho a la libre y voluntaria asociación. Sin hablar de los campos de reclusión forzada y la privación eterna de la libertad en juicios sumarios a quienes disentían o mantenían una actitud crítica ante el partido de gobierno. Todo se fundía y expresaba en la dominación del Partido. Éste era el Estado y el Estado se representaba en él.

En cuanto a la organización y manejo de la economía, es cuestionable que el socialismo haya reducido la explotación económica.

La tesis de una economía centralizada en manos del Estado tenía forzosamente que traducirse en la creación de un aparato burocrático que manejaba la economía y las empresas del Estado y se conformó de esta manera una nueva clase o nomenclatura que gozaba de niveles de vida equivalentes a los de la tecnocracia de los países occidentales.

Mientras que los ciudadanos comunes vivían en un mundo de privaciones y escasez, la dirigencia política en el poder recibía ingresos efectivos que la asimilaba a una clase capitalista. El crecimiento económico que experimentó la economía rusa, que en los números fríos se asemejaba al de Estados Unidos, se debió fundamentalmente a una sobreacumulación de capital, producto de las restricciones al consumo, especialmente de alimentos, como consecuencia del establecimiento de un esquema de racionamiento impuesto a la sociedad, situación que liberaba recursos de manera obligatoria para la inversión, principalmente en la industria armamentista. Mientras se acumulaba capital, el crecimiento de la productividad era virtualmente cero.

La idea de una economía centralmente planificada es un absurdo en la medida en que una burocracia en el poder decide sobre los niveles de producción y consumo de los ciudadanos sin considerar los elementos del mercado tales como los gustos y preferencias de los consumidores.

De esta manera los burócratas creen interpretar lo que la gente desea consumir y trasforman sus propios deseos en deseos colectivos al establecer cartillas de racionamiento. En una economía manejada totalmente por el Estado desaparecen los incentivos para producir porque las empresas no tienen dueños y éstos son sustituidos por una gestión burocrática que carece de los estímulos para generar bienes y proveer servicios de forma eficiente.

El socialismo marxista, primero bajo la orientación de Lenin y luego con la conducción de Stalin, degeneró en un sistema terrible de dominación internacional a los países que giraban en torno a la órbita rusa y cuya expresión concreta en América Latina fue Cuba país que arrendó su territorio a Moscú para la instalación de bases nucleares para servir de plataforma en el caso de una confrontación entre la Rusia y Estados Unidos.

El Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS), impuso su línea política a través de la III Internacional al resto de los partidos comunistas del mundo los cuales fungían como especie de oficinas consulares de Moscú. Cuando el liderazgo de algún país mantenía una posición más independiente respecto a la Unión Soviética, la invasión era la respuesta, como se evidenció en los casos de Hungría y Checoslovaquia.

Lo que llama poderosamente la atención es que después de un fracaso documentado, con evidencias irrefutables, el presidente Hugo Chávez insista en querer aplicar en Venezuela misma receta fallida y que bajo el ropaje de la propiedad social esconde el dominio del Estado sobre la economía y sobre la sociedad, en todas sus expresiones.

La propiedad estatal de los medios de producción lleva consigo el establecimiento de una tiranía porque la democracia es incompatible con la concentración del poder en las manos de un hombre o una cúpula, como efectivamente ya se perfila en Venezuela, todo en nombre del pueblo.

José Guerra
Tal Cual
El fracaso del socialismo marxista