lunes, 23 de marzo de 2009

La Internacional Socialista y el asalto a la democracia


A Luis Ayala

Lejos, muy lejos los tiempos de Willie Brandt y Carlos Andrés Pérez, cuando la Internacional Socialista corría en auxilio de España y Portugal para que salieran del horror del Franquismo y del Salazarismo y pudieran transitar seguros de la mano de la socialdemocracia hacia los regimenes de libertad y de prosperidad de que hoy disfrutan. Lejos, muy lejos los tiempos en que la Venezuela de Acción Democrática armaba al comandante Cero y galvanizaba las fuerzas democráticas nicaragüenses para que salieran de Somoza y del somocismo.

Era en los tiempos en que los presos políticos chilenos podían contar con el respaldo de los gobiernos venezolanos, que abrieron sus fronteras para recibir a los condenados de Pinochet y enviaron a Santiago a sus ministros de relaciones exteriores para arrancarle de las mazmorras a sus condenados a muerte. Así fue como Diego Arria salvó a Orlando Letelier, ex canciller de Salvador Allende y Ramón Escobar Salom a Luis Corvalán, secretario general del Partido Comunista chileno.

¿Cómo olvidar el gesto magnífico de Carlos Andrés Pérez, contrabandeando al joven Felipe González en el avión presidencial venezolano para que se sumara a la gesta libertadora del Partido Socialista Obrero Español en tiempos de la dictadura de Francisco Franco?

Era en los tiempos en que la Internacional Socialista cumplía a cabalidad los principios que la llevaran a su fundación en Londres al finalizar la Segunda Guerra Mundial: contribuir a la democratización del planeta y fomentar gobiernos verdaderamente respetuosos de la separación de poderes y los derechos humanos. Principios que serían cumplidos fiel y plenamente en la Venezuela de Acción Democrática, entonces partido rector de la IS y factor de respaldo incondicional a los perseguidos de Chile, de Argentina, de Uruguay, hundidos en feroces dictaduras militares.

Para nuestra inmensa desdicha, esa Internacional Socialista ya no existe. La que sobrevive permite que integren su organización partidos, movimientos y países que están muy lejos de respetar los principios fundacionales. La que hoy sesiona está incapacitada para ponerle un tapabocas y frenar sus ímpetus dictatoriales a caudillos demagógicos y populistas, despóticos y atrabiliarios como el teniente coronel Hugo Chávez. ¿Qué hace la izquierda argentina o la izquierda brasileña en una Internacional Socialista que ampara los delitos de lesa humanidad cometidos a diario en Venezuela por un gobierno que pisotea su propia constitución y arrastra el país a su ruindad y miseria?

Jamás la Internacional Socialista de Willy Brandt o de Carlos Andrés Pérez hubiera tolerado regímenes como el que hoy aplasta la institucionalidad democrática en la atribulada Venezuela. ¿Qué diferencia hoy por hora a la Internacional Socialista del Foro de Sao Paulo? ¿Cómo puede el PSOE, como pueden el Partido Socialista alemán y el Partido Socialista francés hacerse cómplices de la solicitud de Lula da Silva ante el demócrata Barak Obama a favor de un régimen de facto como el venezolano? ¿Aceptará Obama aproximarse a un gobierno de facto, represivo y dictatorial como el gobierno militar de Venezuela, ante el silencio y la complicidad de la Internacional Socialista?

¿Nada tiene Alan García, presidente honorario de la IS, que decir ante el fujimorismo caribeño que hoy campea en nuestra patria? ¿Nada que decir los dirigentes del socialismo chileno que encontraran cobijo, trabajo y respaldo político, material y financiero en la Venezuela gobernada por nuestra socialdemocracia, hoy perseguida, humillada y escarnecida por el teniente coronel en la figura del presidente de UNT, miembro con plenos poderes de la IS que hoy resiste los embates de la policía política y la justicia del horror del régimen imperante?

¡Qué lejos los tiempos de la IS de Willie Brandt y de Carlos Andrés Pérez!