viernes, 27 de noviembre de 2009

Cuando el sol vuelva a salir para todos, conocerán la oscuridad de las celdas en que aherrojan a seres inocentes como Richard Blanco


La justicia del horror

El Führer no hace más que proteger la Justicia ante el riesgo de verla sometida a los desafueros de la injusticia cuando en vista del peligro dicta justicia de manera directa ejerciendo su función en tanto Juez Supremo de la república” (Carl Schmitt, 30 de junio de 1934). He allí el desiderátum de la justicia del horror: verla rebajada a la esclavitud ante la voluntad del caudillo, auto proclamado Juez Supremo de la República. Sobre todo cuando esa sentencia directa dictada por Adolfo Hitler el 30 de junio de 1934, a un año y medio de su asalto al Poder, acarreó la muerte de todos aquellos de sus más próximos adláteres que le incomodaban en su entendimiento con el ejército prusiano. Y no cualesquiera de ellos: se trataba de Ernst Röhm y la cúpula dirigente de las SA, las tropas de asalto que le blindaran el ascenso al Poder. Oficialmente, la noche del 30 de junio de 1934 - bautizada como la Noche de los Cuchillos Largos - murieron a manos de los esbirros directos de Hitler 85 personas. Extraoficialmente, pudieron ser varios cientos. Las revoluciones, así sean de pacotilla como la rojo-rojita, terminan por devorarse a sus mejores hijos. Que se prepare Diosdado.

Ese simple hecho: la conversión de un cabo del ejército del Reich que no había concluido el bachillerato, en máximo líder de Alemania y Juez Supremo de la nación germana explica por sí solo la justeza con que los analistas designan a la justicia del Tercer Reich como una Justicia del Horror. Es el punto definitorio para calificar cuándo una democracia deja de serlo para convertirse en un régimen totalitario: la desaparición de la ecuanimidad en el ejercicio de sus funciones por parte de las instituciones tribunalicias. Allí donde los tribunales se quitan la venda de sus ojos y están a la orden de quien detenta el Poder sin otra función que cautelar sus caprichos, arbitrariedades y delirios, la democracia ha dejado de existir. Asi sobreviva formalmente en la nomenclatura empleada para designar a los poderes del estado. Donde no reinan la Justicia y la Ley, sino el despotismo y la arbitrariedad dictatorial del Jefe Supremo, se acabó la democracia. Todo lo demás es cuento.

Es lo que acontece hoy por hoy en Venezuela, en donde todos los poderes públicos, sin ninguna excepción, y particularmente el sistema judicial, se hallan sometidos a la omnímoda voluntad „jurídica” del presidente de la república,. Situación que no se vivía en el país desde los tiempos de Juan Vicente Gómez.

Lo estamos viviendo en tercera dimensión y technicolor, sin tapujos ni maquillajes. Bajo la dirección aparente de Luisa Estela Morales, quien tiene sus días contados mientras se monta el parapeto y se preparan las condiciones „académicas” formales para que su cargo lo pase a ocupar doña Cilia Flores. Aunque usted no lo crea. La propia banalidad y mediocridad del mal, como lo bautizara Hannah Arendt. Pasará a presidir el Tribunal Supremo de la república una señora que llegada al poder por azares del destino y salida de abajo por la voluntad del portaviones, no se cansa de transmitir en vivo y en directo desde la asamblea sus fobias contra el consumismo capitalista pero enfundada ella misma en Cartier y Hugo Boss, en Loewe y Cartier, en Carolina Herrera y Armani. Una revolucionaria de marca. De la principal de Antímano a los Campos Elíseos. Sin pasar por Home. Milagros del castro-chavismo.

Este martes 24 todos quienes esperamos el resultado de la comparescencia de Richard Blanco a tribunales recibimos una amarga dósis de la justicia del horror castrochavista. A las puertas del tribunal, una anciana de 84 años esperando abrazar a su hijo. En el estrado, una señora que se dice jueza de la república y que se permitió esconder durante seis horas la decisión ordenada desde Miraflores. En contra de todas las evidencias, Richard Blanco debe permanecer en Yare. Le sale del forro de las entrepiernas al paracaidista del 4 de febrero, encumbrado al poder por la estulticia, la banalidad, la incoherencia, la irresponsabilidad y la inmoralidad medular de un sector de la sociedad que bien merecería ser despojo de la Justicia del horror.

No olvidaremos la traición a la democracia de ese sector que preparó el golpe, intrigó y conspiró contra nuestras instituciones, le cayó a saco al presidente constitucionalmente electo y le alfombró el camino al Poder al déspota que nos desgobierna. Muchos de ellos, vuelto al lado de la decencia y la dignidad, pagan en silencio sus culpas. Y tratan de corregirlas poniéndose al servicio de la dignidad. Pero que no crean estas juezas y jueces que enlodan la profesión y se arrodillan ante el tirano que nos olvidaremos de sus nombres. Pagarán todas sus vesanías y torturas jurídicas. Cuando el sol vuelva a salir para todos, conoceran la oscuridad de las celdas en que aherrojan a seres inocentes como Richard Blanco. Palabra de honor.






1 comentario:

LinternaVerde dijo...

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