lunes, 16 de noviembre de 2009

El delirio del araguato


En su editorial de hoy publicado en TalCual, Teodoro Petkoff sostiene que Hugo Chávez “hace todo por perder relevancia” en el escenario internacional. En este sentido cita el avance en las relaciones entre Colombia y Ecuador, la intervención de EE.UU en la crisis hondureña y la situación de los Kirchner en Argentina.

Esto es lo que dice Teodoro Petkoff en TalCual:

Si en algún ámbito de la política se puede decir de Chávez que él mismito se está matando es en el internacional latinoamericano. No es que esté aislado, pero él hace todo por perder relevancia. No estará bailando en un ladrillito, pero es obvio que no es el rey de la sala, como él mismo y algunos de sus gobiernos clientes creyeron que podía ser.

Para empezar, Correa no le paró lo más mínimo al enfurruñamiento de su colega venezolano y acaba de restablecer relaciones diplomáticas con Colombia. Es lo que menos hubiera querido Chávez, en medio de la faramalla belicista que tiene armada con nuestro vecino occidental. Los hechos próximos dirán si el ecuatoriano está dispuesto a recuperar la sutil distancia que siempre trató de mantener respecto de Chávez, hasta que su propio conflicto con Colombia lo forzó a buscar el contexto del Alba, donde, hasta aquel momento, se había negado a inscribirse. En todo caso, el hiperlíder ya debe haber registrado que Correa es un aliado, pero con autonomía de vuelo.

En Argentina, las elecciones parlamentarias marcaron el principio del ocaso del proyecto Kirchner, el cual avanzará un poco más ahora en diciembre, cuando el parlamento entre en sesiones con su nueva correlación de fuerzas, contraria a la pareja de chulos que se han vivido a Chacumbele a placer. Puesto que la posibilidad de que el Señor K regrese a la presidencia luce bastante remota y la Señora K tendrá que calarse un congreso adverso, la relación especial que Chacumbele fabricó en Argentina comienza a desteñirse.

En Honduras, más allá del rechazo que merece el golpe militar ­no sólo por razones de principios sino por su absoluta falta de pertinencia política­, para Chacumbele el saldo es la pérdida de esa otra cabeza de playa que había logrado establecer en Centro América, donde también el gobierno izquierdista de Mauricio Funes, en El Salvador, se había deslindado tajantemente de él.

Chacumbele, quien pedía la intervención del imperio, fue complacido; éste no sólo se metió sino que lo lanzó al hombrillo, con todo y Alba.

Estos hechos, más la premonición que lo embarga de que en Chile, gane quien gane, no tendrá allí un presidente amistoso y que Lula ya le ganó la batalla del liderazgo, mientras que en Uruguay es poco probable que Pepe Mujica, si gana, como es probable, no va a alterar la sobria línea internacional de Tabaré Vásquez, explican, tanto como sus tribulaciones endógenas, la rabia que muestra por estos días Chacumbele en relación con Uribe y Colombia.

La razón que tuvo inicialmente al oponerse al acuerdo colombo-yanqui (en lo cual lo acompañamos en su momento), la perdió al hacer de tema tan delicado parte de su campaña electoral, con un lenguaje de matón que, en este particular, lo ha dejado bastante aislado. No sólo su liderazgo interno va palo abajo sino que el delirio que alguna vez alimentara, de un liderazgo continental, se evidencia ya claramente como lo que siempre fue: una espuma palabrera y vacía, sin más sostén que la chequera petrolera y una audacia tan chacumbelica como irresponsable.


LIDERAZGO DESTEÑIDO
Teodoro Petkoff