domingo, 22 de febrero de 2009

Caso Maraco. El preso del 15F


"Libertad para Maraco", fue una de las consignas que los estudiantes gritaron y mostraron en sus franelas durante la marcha que la oposición organizó el pasado 7 de febrero en contra de la enmienda constitucional (Juan Camacho)


El chofer del movimiento estudiantil transportaba una miniteca en los 80. Tenía hasta un remix en su honor. Votó por Chávez en 1998 y, preso, hoy clama por los jóvenes: "No quiero que se sigan yendo". Por Joseph Poliszuk


Hay un mensaje que José D'Acre lanza desde la cárcel. A quienquiera que pueda escucharlo o, en este caso leerlo, el conductor del camión que el movimiento estudiantil llevaba a la cabeza de sus marchas, deja claro que es inocente. Se hace llamar un "preso libre de conciencia" y cree que con él se ha cometido una injusticia. "Soy un pacifista", recalcó la semana pasada. "Nadie puede acusarme de estar quemando la ciudad, porque lo único que he hecho es manejar un camión y blandir mi voz con mi garganta".

Esta nota, sin embargo, pasa de largo su testimonio sobre los hechos que lo señalan por el delito de "porte ilícito de artefactos explosivos o incendiarios". El chofer que los universitarios presentaron al país con el alias de Maraco, no está en condiciones de hablar sobre el caso que lo tiene en el pabellón 4 de La Planta. Su abogada, Claudia Mujica, advierte de cualquier modo, que "es el primer preso del movimiento estudiantil".

El referendo ya pasó y sus resultados expresan que el primer mandatario nacional, Hugo Chávez, podrá postularse a la Presidencia de la República cuantas veces lo considere. Aun así, el camino al 15 de febrero dejó un preso. Acusado por el propio Chávez y reivindicado al otro lado como un valiente, D'Acre representa una baja en las filas de los universitarios. ¿Quién será entonces este señor, que iba al volante del camión en el que Gobierno y estudiantes se señalan mutuamente de haberse sembrado bombas molotov en la marcha del pasado 20 de enero?

D'Acre se presenta, de acuerdo con sus propias palabras, como "un gandolero". A las puertas de una celda de unos tres metros cuadrados, que comparte con otros tres reclusos, comenta que la suya es una historia ligada a los camiones y ve- hículos de carga pesada, en una suerte de oficio familiar que incluso heredó de su padre, Enzo.

Su relación con los estudiantes es, según dice, la cadena de una serie de hechos que lo unieron a sus luchas, tras la salida de RCTV de la televisión nacional. Fue antes de mayo de 2007. Una masa de bachilleres empezó a salir a la calle y, como muchos de los ciudadanos inconformes con el Gobierno e involucrados con los partidos políticos de oposición, él respondió al llamado a congregarse en la plaza Brión de Chacaíto.

"Los muchachos se estaban dando duro con la Policía Metropolitana", recuerda. "Yo no conocía a ninguno, pero les empecé a gritar: 'No corran, siéntense. ¡Levanten las manos!..'". Ese fue el primer contacto. Maraco no precisa la fecha, pero asegura que la anécdota empezó a acuñar el símbolo estudiantil de las manos blancas frente a la policía.

"Así nos empezamos a conocer", agrega en medio de las moscas, la bachata a máximo volumen y los cánticos cristianos que caracterizan cualquier sábado de visitas en La Planta. "Ellos después llevaron un documento a la OEA y yo les manejé un camión, de allí en adelante empezó una relación de lucha y mucho cariño".

Entre hortalizas y minitecas Antes de eso Maraco estaba lejos de la política. Por más de 20 años recorrió el país llevando y trayendo hortalizas de los Andes a Caracas, movilizando aceites y lubricantes, cargando arroz y hasta consolas de sonido. De eso da fe el DJ y gerente de Audio y Tecnología de la emisora 92.9, José Antonio Escobar, mejor conocido como Tony Scott, quien en los años 80 amenizaba las fiestas de la miniteca Betelgeus.

Era otro país. Corrían los tiempos de los "punketos", la moda fosforescente y los domingos en el CCCT. Las minitecas armaban la fiesta y Maraco entonces conducía el camión de una de las más populares. "Se que con el tiempo ha dejado de viajar, lo he visto en la televisión tras Leopoldo López y en manifestaciones políticas, pero no pasa por mi mente que llegue a ser un saboteador", opina Tony. "No considero que debe estar en La Planta como un delincuente, nunca fue una persona violenta y manejaba sin contratiempos, mientras nosotros viajábamos por avión".

Tan buena vibra encontró Tony en Maraco que, más por complicidad que por cualquier otra cosa, solía incluir en el repertorio de la miniteca un hit inspirado en ese gordo, calvo, de nariz gruesa y bigotes: "Por el horizonte aparece un gran camión, lo conduce un hombre de gran corazón. Le dicen el Maraco, se llama José Ramón y sus puñetazos son como balas de cañón...".

Ese es el sujeto al que el primer mandatario nacional señaló el pasado 23 de enero, para felicitar su encarcelamiento: "¿Qué quieren? ¿Qué lo condecoremos? La locura de estos 'pitiyanquitos' llega a tal nivel, que ayer dijo uno que iban a liberarlo; es una cosa enfermiza".

Y si el Presidente opinó en un caso en el que los tribunales de controles aún no han decidido imputar, el dirigente del Partido Socialista Unido de Venezuela, Mario Silva, lo señaló de desestabilizador, así como su camarada, Alberto Nolia, quien fue más allá y aprovechó las cámaras de Venezolana de Televisión, para acusarlo de "ladrón de carros" y haber practicado la necrofilia mientras trabajaba en una morgue.

Se trata de señalamientos que Maraco niega de plano. No es mucho lo que puede hacer o decir en este momento, pero advierte que una de las primeras cosas que hará en cuanto salga de la cárcel es pedir un derecho a réplica, para precisar de dónde salió el supuesto de que ha trabajabado en una morgue: "Soy una víctima de la manipulación mediática, nunca le he hecho daño a nadie porque arriero somos y en el camino andamos".

Esas acusaciones, sin embargo, cerraron filas en el núcleo del transportista. Como el país, la familia de Maraco está polarizada. No en vano, él mismo votó por el presidente Chávez en 1998. Aunque seguidores del Gobierno, los primos, abuelos y tíos que tiene en los Puertos de Altagracia del estado Zulia el domingo pasado no dijeron Sí. Su abuela se enteró de su detención, a través de VTV, pero no creyó que fuera culpable: "Parece que mandó a sacar el afiche de Chávez que tenía en su cuarto y mis tíos dijeron que el que votara por él se las iba a ver con ellos".

Al margen de las anécdotas familiares, para el concejal metropolitano y ex integrante del movimiento estudiantil, Freddy Guevara, la detención de D'Acre es un acto que busca desmoralizar a los universitarios: "Esto es un mensaje, quieren hacer ver que todo el que ayude a los estudiantes puede terminar en la cárcel; el camión era nuestra tarima y Maraco ahora es un preso político".

En la misma onda, el dirigente de la UCV, José Manuel Olivares, se refiere a D'Acre como el único activista estudiantil de más de 50 años. Yon Goicoechea, por su parte, habla de "una persona alegre que selecciona la música correcta, un líder comunitario de Chacao, pero lo más resaltante es que siempre iba al frente de las marchas".

Al otro lado de la moneda, Maraco manda a decir a los estudiantes que sabe que están con él. "Aquí estamos pagando todos, yo se que ellos están compartiendo mi dolor", dice. El sábado pasado, apenas horas antes del referendo, añadió que no estaría en prisión si no le preocupara el futuro de sus tres hijos y el resto de los jóvenes del país: "Yo era un ciudadano de a pie hasta que tomé la decisión de protestar porque no quiero que los profesionales de mi país se sigan yendo y tampoco puedo concebir que se queden sentados en la acera a que se pavimente su camino al infierno", dice en un pabellón en el que los agujeros de las balas dejan ver otra clade de infierno.


El Universal