lunes, 27 de abril de 2009

Algunos libros que El Antropoide de Sabaneta debería leer...


De acuerdo con la explicación de Hugo Chávez, el haberle regalado a Barack Obama el libro “Las venas abiertas de América Latina”, del escritor uruguayo Eduardo Galeano, constituyó, más que un obsequio, una respuesta al discurso del Presidente estadounidense, quien dijo que en la cumbre hablaría del futuro y no del pasado.

Al primer mandatario nacional, al parecer, no le gustó que se pretendiera restarle importancia a lo que es, efectivamente, su fuente perenne de excusas para sus arbitrariedades y excesos.

Verán, a Chávez le aterra que se olvide el pasado, no por algún legítimo deseo de hacer justicia por la supuesta explotación de nuestras naciones, sino porque es su refugio: escudándose en el pasado puede manipular a la población con sentimientos nacionalistas que nublan su mente a un hecho indiscutible, es decir, la mediocridad de Chávez.

Sin el pasado para pelear con sombras, Chávez no es nadie. Sin el pasado, no hay posibilidad de manipulación con la filosofía bolivariana, con la cual se engaña a nuestros compatriotas. Olvidar el pasado, o por lo menos lo que él quiere se crea es el pasado, es despojarle el principal recurso que urde en sus maniobras: el resentimiento.

Sin ese odio visceral y obnubilador, quedaría al descubierto, cual el emperador en aquel famoso cuento donde la gente se da cuenta que está desnudo. Sin ese supuesto pasado, no habría manera de ocultar que es un bueno para nada, un gritón autoconvencido de una importancia que sólo puede excusar en sus peroratas dizque patriotas.

Obama, en la cumbre de Trinidad, reconoció que su país ha cometido muchos errores, pero que quería hablar del futuro y dio muestras de sus intenciones de cambio. Claro, a Chávez no le gusta hablar del futuro, porque sabe que no pertenece al futuro, que no tiene nada que ofrecer en un mundo de progreso, de tecnología, de Derecho y de racionalidad. Es un mundo sin bayonetas, sin bravucones de cuartel.

Chávez se refiere a los errores de sus antecesores, pero evita mirarse en el espejo para no darse cuenta de que él también representa en grado superlativo el peor legado del pasado. Si algo puede decirse de la era chavista, es que todo lo malo del pasado persiste, y se agrava, pero lo bueno desaparece o desmejora.

Pero vamos a reconocerle algo a Chávez: con este gesto ha demostrado un interés en la literatura, cosa de por sí extraordinaria en un personaje de su calaña. Siguiendo entonces su ejemplo, pensemos en qué libros le podemos regalar al presidente:

Que tal si se lee “La fiesta del chivo”, del escritor peruano Mario Vargas Llosa, que relata la historia de una de las dictaduras más sangrientas de América Latina, la de “Chapita” Trujillo en República Dominicana.

Está Calígula, de Paul-Jean Franceschini y Pierre Lunel, la historia de un emperador que se creía un dios. Comienza su reinado adulado por los romanos y las legiones, pero al final de su mandato era detestado por sus extravagancias, provocaciones y brutalidad.

También le vendría bien pasearse por las páginas del libro “La tentación totalitaria”, de Jean François Revel, publicado en 1976. El autor de la obra se preguntaba -desde luego, antes de la caída del muro de Berlín-, si los socialistas estaban dispuestos a eliminar al Estado, o si, por el contrario, continuarían negándose a sí mismos, cayendo así en la tentación de crear nuevos estados totalitarios.

Con especial cariño a Chávez se le podría regalar la obra de George Orwell “Rebelión en la granja”, escrita por allá en el año 1945, que constituye una sátira sobre la corrupción del socialismo soviético en los tiempos de Stalin.

“Días malditos, un diario de una Revolución”, de Iván Bunin, premio Nobel en 1933, pieza literaria que relata lo que se vivió en la revolución rusa, entre otras cosas, la descomposición de la antigua justicia, que comenzó a estar en manos de tribunales improvisados, figura encarnada a menudo en personas que un mes antes eran porteros o soldados, agricultores incultos y con sed de venganza por el patrón, pero también por el vecino más rico que él.

En nuestra Venezuela actual, cualquier parecido con la Rusia de Bunin es simple y llanamente una coincidencia.

Como al presidente le gusta el drama, le recomendamos “Doctor Zhivago”, de Boris Pasternak. Lo que parece a simple vista una historia de amor, es en realidad la historia de un hombre cuya vida y todo lo que conoce, se ve desgarrada por un elemento más allá de su control: la revolución soviética rusa.

Es notable que la obra de Pasternak fue censurada en 1956 por considerarse que su interés en el bienestar del hombre iba en contra de las ideas socialistas, y todo porque denunció en su libro los campos de trabajo y prisiones de la era stalinista, entre otras atrocidades. “Para que lo leas en la cama que tienes en tu Airbus, Hugo”.

Por otro lado, está el Manual de Urbanidad de Carreño.

Lo ayudaría a que no siga dejando mal parado el gentilicio venezolano, con algunas de esas salidas vergonzosas dentro y fuera del país. De paso, lo puede compartir con algunos de su entorno. Por último, alguien le debería hacer llegar un diccionario para que conozca en su justa dimensión, las palabras que dice en sus alocuciones y evite gazapos como “adquerir” o “felisidad”.

Eso sí, que sea uno bien simple, escolar, para que no se le haga difícil, pues sabemos que el Presidente está apenas dando sus primeros pasos en el mundo de la lectura, así que no debemos pedirle demasiado.

Libros para Chávez
Pablo Aure

http://www.noticias24.com/actualidad/noticia/41385/algunos-libros-que-chavez-podria-leer-para-no-olvidar-el-pasado/