domingo, 26 de abril de 2009

Falsa trama magnicida: ejecuciones extrajudiciales en la Bolivia de Evo Porcino


Archivo. Miembros de la policía participaron el 16 de abril de 2009, en La Paz (Bolivia), en el operativo de traslado de los dos detenidos acusados de ser “los directos responsables” del atentado contra la vivienda del cardenal Julio Terrazas en Santa Cruz. El vicepresidente Álvaro García Linera afirmó que la supuesta banda de “mercenarios internacionales” desarticulada en la madrugada, preparaba un “magnicidio” contra el presidente Evo Morales y él mismo. EFE/Martin Alipaz

Publicado en el suplemento dominical de El Mundo (España) -

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Hoy los diarios españoles El País y El Mundo publican dos trabajos especiales sobre los hechos registrados en la madrugada del 16 de abril, cuando cuerpos de seguridad bolivianos asesinaron a supuestos “mercenarios” que planeaban atentar contra el presidente Evo Morales.

Este es el artículo completo de Maite Rico para El País (España):


Una explosión atronadora quebró el silencio de Santa Cruz. Después, los balazos restallaron en el hotel Las Américas, en el centro de la capital del oriente boliviano. No hubo gritos. Solo disparos durante 20 minutos.

Horas más tarde, en esa mañana del 16 de abril, el presidente de Bolivia, Evo Morales, aterrizaba en Cumaná (Venezuela) para participar en la cumbre bolivariana. “Me informan que esta madrugada ha habido un tiroteo donde han caído tres extranjeros y dos detenidos”, anunció en el mismo aeropuerto, escoltado por el venezolano Hugo Chávez y el cubano Raúl Castro. Era una trama, dijo, “de la derecha” para atentar contra él y el vicepresidente. “Metieron bomba y bala. Resistieron”.

Los cadáveres acribillados de Eduardo Rózsa Flores, húngaro-boliviano; Árpad Magyarosi, húngaro, y Michael Dwyer, irlandés, yacían todavía en la cuarta planta del hotel, desnudos o en calzoncillos. El comando de élite se había llevado consigo a La Paz a dos supervivientes: el boliviano-croata Mario Tadic Astorga y a otro húngaro, Elod Toaso.

Arrancaba así una de las tramas más confusas y tenebrosas de la reciente historia boliviana. No era la primera vez que Evo Morales denunciaba una conjura para asesinarlo. Pero esta vez había tres extranjeros muertos.

Inmediatamente después del asalto, la policía halló un arsenal de fusiles y explosivos en el recinto ferial de la ciudad. El comando “de la ultraderecha fascista”, dijeron las autoridades, era también autor del atentado, dos días antes, contra la casa del cardenal de Santa Cruz, Julio Terrazas.

El vicepresidente, Álvaro García Linera, apuntó las baterías contra los dirigentes de la rica región autonomista, bastión de la oposición a Evo Morales. Las protestas de los cruceños quedaron ahogadas cuando la televisión húngara emitió una entrevista grabada meses antes por Eduardo Rózsa, en la que el jefe de los supuestos mercenarios anunciaba que iba a Santa Cruz para ayudar en la defensa de la ciudad y de la autonomía regional ante un eventual ataque del Gobierno.

El perfil inaprensible de Rózsa encaja perfectamente en esta intriga. Hijo de húngaro y de boliviana, de 40 años, estudió Letras en Budapest y Moscú. Trabajó para los servicios secretos húngaros y fue periodista en la guerra de Croacia, donde acabó empuñando las armas, recibió honores y fue acusado de matar a un fotógrafo suizo. Se había convertido al islam. Su blog es un escaparate de lo abigarrado de sus creencias: defiende con ardor la causa palestina y a Irán, detesta el comunismo y el liberalismo, y cree que Hugo Chávez trae “aire fresco”. Su amigo Ilich Ramírez, el famoso terrorista Carlos, lamenta en una página web la muerte de Rózsa y rechaza que sea “un sicario de la extrema derecha”.

La entrevista de Rózsa derrumbaba la tesis del magnicidio (”no me interesa echar a Evo Morales”, dice), pero reforzaba la idea de que alguien, en Santa Cruz, pretendía organizar una especie de “autodefensas” frente a los grupos de choque oficialistas.

Las piezas, sin embargo, no acaban de encajar. La evidencia pericial, el informe de la aseguradora del hotel y el testimonio del administrador contradicen la versión oficial. El comando dinamitó las puertas de las habitaciones 456, 457 y 458 antes de abrir fuego, sin que los huéspedes tuvieran ocasión de reaccionar. Todo apunta a que Rózsa, Magyarosi y Dwyer fueron víctimas de una ejecución extrajudicial.

Y lejos de ser “el asalto en flagrancia” que esgrime el Gobierno, se trató de una operación de precisión. El circuito de cámaras de vigilancia fue anulado. Alguien accedió al sistema informático del hotel y borró las grabaciones desde el martes 14, día en que los extranjeros llegaron al hotel. También eliminaron los registros de Internet. Todo ello sin orden judicial. “Es una operación de inteligencia de alto nivel, en el más puro estilo cubano”, dice un experto que pide el anonimato. La fiscalía cruceña no pudo intervenir en ningún momento.

Parece ya descartado, además, que el grupo atentara contra el cardenal Terrazas. La noche del ataque, ninguno salió del hotel. “Si querían investigar, ¿por qué liquidaron a esta gente, en lugar de tomarla presa?“, se pregunta el presidente del Senado, el opositor Óscar Ortiz. Los líderes de Santa Cruz, con el gobernador Rubén Costas a la cabeza, denuncian un montaje del Gobierno contra el movimiento autonomista en un año en el que Evo Morales intentará ser reelegido en los comicios de diciembre.

Un documento recibido este jueves por el diario La Razón, firmado por un “comandante Gonzalo” que dice ser parte del grupo, asegura que la seguridad del Estado boliviano contactó a Rózsa en España en agosto de 2008.

La oposición ha exigido la intervención de Interpol -que ya ha ofrecido su ayuda- para garantizar una investigación fiable. Mientras, el viernes, el Gobierno enviaba un contingente de 1.500 soldados a Santa Cruz.


http://www.noticias24.com/actualidad/noticia/41107/la-misteriosa-conjura-boliviana/