martes, 7 de abril de 2009

Los ídolos del Macaco Rojo: Omar al-Bashir, Saddam Hussein, Carlos El Chacal, Osama bin Laden...



Venezuela aislada


Mientras elogia al hombre acusado de genocidio, reza por la regeneración del capitalismo

Una vez más, Chávez ha aislado a Venezuela de las naciones que él necesita desesperadamente para inversiones, empleos e ingresos para su población. Al rechazar la orden de arresto emitida por la Corte Penal Internacional contra el presidente sudanés Omar al-Bashir, quien está acusado de genocidio en Darfur, el mandatario venezolano va más allá que cualquier líder árabe o musulmán en defensa de sus atrocidades. Esta no es la primera vez. Apoyó a Saddam Hussein y Carlos El Chacal, y expresó admiración por Osama bin Laden, según testimonio del ex piloto de su avión presidencial. Se ha vinculado con las FARC, Hizbolá y Hamas, grupos que la mayoría de las naciones califican de organizaciones terroristas. ¿Por qué?

Chávez ha ahuyentado a casi todas las naciones desarrolladas y entes multilaterales como el FMI y el Banco Mundial, además de los inversionistas extranjeros, quienes tienen miedo de sus expropiaciones. Todos ellos podrían ayudar a Venezuela a sobrevivir a la recesión. Pero Chávez los rechaza, aunque en realidad los necesita. Internamente, no tiene alternativa. Pdvsa está produciendo dos de cada tres barriles que producía cuando él asumió el poder en 1999; la mitad del sector industrial está destruida o disminuida; la deuda interna se cuadriplicó; los ahorros del FIEM ya fueron saqueados; el Banco Central sufre una copiosa hemorragia de dinero; la inflación es la más alta del continente; 94% de las exportaciones son petróleo, que es todo lo que Venezuela vende al mundo; la mayor parte de lo que comen los venezolanos se importa, aunque antes el país exportaba alimentos; la pobreza y el desempleo están por el cielo; no hay redes de seguridad social para salvar a la población del colapso económico; y las dependencias políticas de Chávez, es decir, Cuba, Bolivia, Argentina, Nicaragua, Honduras, República Dominicana y ahora El Salvador, aún tienen sus manos extendidas y esperan más. Y no se olviden de Irán, Rusia y Bielorrusia -ellos también quieren una parte.

Mientras el gobernante venezolano elogia públicamente al hombre acusado de genocidio en Sudán, en privado reza por la regeneración del capitalismo que compra su petróleo -para poder continuar su guerra contra el capitalismo. No es fácil imaginarse cómo Chávez se explica esto a sí mismo.

Michael Rowan
El Universal