jueves, 9 de abril de 2009

Asustado, Chávez intentó sacar el Ejército a reprimir a los opositores...


La noche de los generales
Eddie A. Ramirez S.

La semana pasada narramos los sucesos que nos tocó vivir desde febrero, fecha de inicio de la defensa de la meritocracia en PDVSA, hasta la marcha del 11 de abril del 2002 pautada para llegar a Chuao. Realmente desconozco si algunos de los
líderes realizaron un llamado para continuar a Miraflores, pero sí puedo afirmar que desde el día anterior en la misma Plaza de La Meritocracia era frecuente escuchar a los asistentes gritar su deseo de ir al Palacio. El decidir ir a la sede del Gobierno a solicitar la renuncia del Presidente no es ningún delito, ni provocación, es un derecho de los ciudadanos. En compañía de mi esposa llegamos a la esquina de Pedrera, en la avenida Baralt, desde donde observamos un grupo de afectos al oficialismo sobre y debajo de puente Llaguno. A nuestra derecha se encontraba la "ballena" de la Metropolitana que impedía el choque entre los dos grupos, los que avanzábamos hacia el norte y los oficialistas que nos tiraban piedras y botellas. De repente se escucharon disparos y un señor que estaba a unos 20 metros a nuestra derecha cayó muerto. Poco después nos retiramos hacia las inmediaciones de El Calvario, desde donde se escuchaban muchos disparos. Sólo al regresar a nuestro apartamento pudimos apreciar la magnitud de la masacre.



A partir del mediodía, Venezolana de Televisión, el canal del Estado, entrevistó desde la avenida Urdaneta a Bernal y a Merentes, quienes declararon que los cerros estaban bajando, lo cual no era cierto. Igualmente Barreto y la ministra del Ambiente hicieron llamados a defender la revolución y en la pantalla aparecieron chavistas con palos e incluso uno mostró amenazante una rata muerta. Mientras eran asesinados 19 venezolanos y unos 200 resultaban heridos, el teniente coronel se encadenaba en los medios de comunicación como si no ocurriera nada grave. Durante la marcha, VTV sólo pasó la cadena de Chávez y una de José V. Rangel del día anterior, las cuales fueron repetidas dos veces. Además, promocionó sus programas, uno de ellos sobre Elvis Presley, ignorando los acontecimientos. Las televisoras comerciales fueron sacadas del aire, pero poco después lograron conectarse.


Asustado, Chávez intentó sacar el Ejército a reprimir a los opositores, pero el general Manuel Rosendo, comandante del Comando Unificado de las Fuerzas Armadas, decidió no atender el llamado presidencial. Rosendo fue notificado por su ayudante, el capitán Michael O´Brien, de que el entonces ministro de la Defensa José Vicente Rangel había llamado al alcalde Bernal y textualmente le dijo: "Freddy, la marcha ya arrancó para Miraflores, nuestra gente debe estar armada con piedras, palos y cuchillos, y anuncia por la televisora del Estado que los cerros están bajando armados que eso los caga". Esta conversación también la escucharon otros tres oficiales, pero sólo O´Brien mantuvo ante los tribunales lo que escuchó y por ello fue dado de baja.


Chávez se derrumbó sicológicamente y aceptó verbalmente renunciar cuando se lo solicitó el Alto Mando y voluntariamente se trasladó a Fuerte Tiuna, en donde quedó detenido. Mientras tanto se produjo un choque entre los generales y almirantes que estaban conspirando antes del día 11 y aquellos que se limitaron a declararse en desobediencia debido a los hechos. Quienes más gritaron lograron imponer la tesis de no permitirle a Chávez irse a Cuba, como había solicitado como requisito para formalizar su renuncia. Allí se inició el descalabro, ya que Chávez pasó de ser un presidente que había renunciado a un presidente preso.


Juzgar la conducta de Carmona no es sencillo. Todavía falta conocer algunos hechos, pero lo que sí resultó evidente es que no contaba ni con apoyo político, ni militar, para promulgar el controvertido decreto. También está claro que del lado militar faltó comando. En la madrugada del día 12 se presentaron muchas discusiones por cargos y en la del 13 los supuestos jefes no tomaron las medidas de control requeridas. Ante las indecisiones del mando militar y las reacciones al decreto, después del mediodía del día 13, los comandantes de los batallones de Fuerte Tiuna solicitaron desconocer a Carmona, aunque no expresaron que apoyaban a Chávez. Unas horas más tarde, en la madrugada del 14, el general Vásquez Velasco, comandante del Ejército, decidió que era preferible regresar a Chávez.


La realidad es que no fue el pueblo, ni Baduel los que impusieron su retorno. El 13 a mediodía sólo un grupito de no más de 20 personas protestaba en las inmediaciones de Fuerte Tiuna, aunque desde luego que a medida que aumentaban las indecisiones del generalato y del almirantazgo los partidarios de Chávez se envalentonaban y salían a reclamar su regreso y hubo saqueos y asesinatos en Catia. El teniente coronel regresó como un cordero y pidió perdón a los dignatarios de la Iglesia y a los gerentes petroleros que nos había despedido con un pito por televisión. Poco después volvió a su agresividad natural y se negó a constituir una comisión de la verdad para investigar la masacre. Ni los generales, ni los almirantes estuvieron a la altura de las circunstancias. Lo procedente hubiese sido autorizar la solicitud de Chávez de irse a Cuba como requisito para poner por escrito su renuncia verbal y establecer contacto con los diputados y con el mundo político. La noche de los generales resultó más triste que la famosa de Cortés.


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A Obama se le salió la clase... casi se arrodilla para besarle la mano al musulmán